Saga Percy Jackson
Parece que fue ayer cuando Percy Jackson llegó al
Campamento Mestizo y derrotó al Minotauro, después de descubrir que su amigo
Grover era un sátiro y Quirón, su profesor, un centauro. Por aquel entonces
Percy tenía sólo doce años, había perdido a su madre y no conocía a su padre.
No sabía que todos los dioses tenían los ojos puestos en él a causa de la
promesa que había roto su padre y de la profecía que señalaba que, cuando
cumpliera dieciséis años, el futuro del Olimpo peligraría como nunca antes.
En los años siguientes, Percy fue superando distintos
retos, de un modo similar a como lo hizo Hércules en su momento. Pero Percy no
lo habría logrado sin la ayuda de sus amigos, en particular de Grover y de
Annabeth, y esto es lo que lo diferencia de los demás héroes: Percy no es
arrogante ni engreído, no lucha para alcanzar la gloria sino porque no le queda
otro remedio, no juega en solitario sino en equipo.
A medida que los libros se fueron publicando nos dimos cuenta
de que nos aguardaban muchas sorpresas y giros inesperados; Rick Riordan lo
tenía todo pensado desde el principio, e intuimos que podía haberse guardado un
as en la manga. En el tercer libro, La maldición del titán, aparecieron muchos
personajes nuevos y empezamos a adivinar por dónde podían ir los tiros. El
último héroe del Olimpo nos ha permitido disfrutar de un desenlace a la altura
de las circunstancias, donde las escenas de batalla se suceden casi sin
descanso y en el que todas las piezas van encajando, poco a poco. El año
pasado, además, pudimos disfrutar de la película que adaptaba el primer libro:
podéis leer una reseña más extensa al respecto en el número 15 de la revista.
La saga de Percy Jackson tiene dos ingredientes básicos y
un condimento secreto. Los ingredientes son: una trama de aventuras y fantasía
que da lugar a novelas autoconclusivas y a la vez a una pentalogía con una gran
unidad, y un protagonista que ha sabido encontrar un huequito en nuestro
corazón gracias a su carisma como narrador y su humildad como héroe. El
condimento secreto no tan secreto es la presencia de la mitología griega, un
detalle que lo diferencia de otras sagas de fantasía y que ha conseguido colar
a Percy como lectura obligatoria en algunos institutos, multiplicando su número
de fans.
Un error habitual en las sagas con un protagonista
“elegido”, sobre el que recae el peso de la acción, es olvidar su personalidad.
El elegido es ese personaje al que le ocurre todo y que trata de reaccionar de
la mejor manera posible, pero le suele faltar algo y el lector acaba desviando
su atención hacia los personajes secundarios, que a menudo tienen más
profundidad. Pero Percy Jackson derrocha personalidad: es un chico nervioso,
con déficit de atención, valiente, impulsivo y con mucho sentido del humor. Si
hubiese logrado ir al instituto sin que los monstruos lo acechasen, habría sido
el payaso de la clase.
Detrás de una trama y un personaje así está claro que hay
un autor muy hábil. Rick Riordan ha creado un producto casi perfecto, una saga
llena de emoción pero muy alegre, que apetece leer en cualquier momento. Y,
como buen profesional, ha seguido escribiendo, creando nuevas tramas y nuevos
personajes. En mayo de 2010 publicó The red Pyramid, el primer volumen de The
Kane Chronicles, y en octubre de ese mismo año los lectores anglosajones
pudieron disfrutar de The Lost Hero, primer tomo de The Heroes of Olympus, la
nueva serie ambientada en el Campamento Mestizo.
Haceos con un ejemplar de Percy Jackson y empezad a sumar
cuentas en vuestro collar de héroes del Campamento Mestizo.
Colaboración de : http://www.eltemplodelasmilpuertas.com/




